Manual para héroes o canallas (Sabina, dixit)

¿Recuerdan aquellas caricaturas o historietas (si alguna vez las leyeron) donde un científico brillante se volvía un megalómano? Si lo hacen, ¿Recuerdan por qué lo hacía? Si no lo hacen, no se preocupen, aquí está tío Joker quien les dirá por qué pasaba.
Si alguna vez vieron Johnny Quest o Spiderman, y conste que no me refiero a sus absurdas contrapartes modernas, sino a las mega absurdas versiones mas añejas, seguramente también tendrán en la mente a ese ser incomprendido conocido como el Villano.
¿Pero cómo inició su carrera este ser malvado? ¿Dónde se adquiere esa misantropía que hace parecer a la mía como un mero juego de chamacos? ¿De dónde se obtiene esa maldad? Fácil. Habrá que remitirnos a Johnny Quest, Superman, Spiderman o cualquier otro personaje cuyo antagónico sea un científico loco. Recordarán que la figura de este personaje siempre era la de un individuo que se caracterizaba por hacer un descubrimiento que nadie más había hecho. Pero, como siempre sucede, durante la demostración del mismo algo salía terriblemente mal, lo que culminaba con una burla masiva hacia él (y su teoría). Eso era en el mejor de los casos, porque en el peor de ellos, la burla era continua tuviera o no razón, incluso la burla venía sucediendo desde sus años mozos (como en el caso de El Espantapájaros, quien por cierto, era psicólogo, pero esa es otra historia). Sea cual fuera el caso, el tipo quedaba tan resentido por la humillación pública que, armado con su descubrimiento, se disponía a acabar con la humanidad. Moraleja, no se burlen de nadie, podría ser un científico loco “enclosetado” que podría terminar destruyendo a la humanidad.
Pues así, queridos niños y niñas, es como inicia la carrera del villano, algunas veces tomará la forma de un científico loco, otras veces la de un tipo con hambre de poder, en otros casos la de un genio malvado y otras veces, simplemente la de un loco (sin ningún tipo de adjetivo, un loco a secas). Sin importar la forma que tome, éste será un personaje recordado por los siglos de los siglos, amén, incluso muchas veces puede llegar a ser más memorable que el héroe per se, como bien nos ha enseñado la cultura Pop y como se pueden ejemplificar en los casos de Norman Bates (en Psicosis), Freddy Krueger (Pesadilla en la calle del infierno), Doctor Doom (4 Fantásticos) o las momias de Guanajuato en las películas de El Santo.
¿Quién no recuerda un buen villano? Llámese Darh Vader, Joker, Lex Luthor, Desalmado Ming, Frankenstein, Dr. No o Catalina Creel, los villanos resultan mucho más atractivos que los héroes. Los villanos se divierten, juegan, se burlan, cogen, aman, odian, destruyen por el placer de hacerlo; mientras que el héroe nos muestra su lado mortificante, estoico, virginal y asceta. No lo neguemos, todos amamos a los villanos.
Intrigado porque entre los villanos (concretamente en la categoría de científicos locos o genios malvados) no se encuentra ningún científico de las ciencias sociales, he decidido darle a este mundo el villano que necesita… o, dicho sea de paso, enfocaré mis energías para hacer el mal; quiero elaborar metódicos planes para destruir al mundo, mismos que serán frustrados por el héroe en turno, no sin antes abrir mi bocaza para revelarle cuál es el punto débil de toda mi estratagema. Sí, deseo llamar al Presidente y pedir “un millón de dólares” de rescate por el mundo (o el cerro de la Campana o Tejeringo el chico, da igual); quiero tener mi base de operaciones en el interior de un volcán (si dicho volcán está en actividad, mucho que mejor); quiero tener cientos de duplicados perfectos de mi para poder escapar, confundiéndome con uno de ellos; quiero tener ayudantes cuyo intelecto sea menor al de una mosca borracha… Quiero ser feliz!! Por que de eso se trata la felicidad, amigos y amigas: de destruir al mundo!! Ya lo dijo el Señor Burns en el capítulo donde lo matan (pero que luego resultó no estar muerto, porque otra característica del villano es que nunca mueren del todo, siempre hay una forma de volverlos a la vida, a menos, claro, que sea un villano de James Bond, pero me estoy desviando): “Desde tiempos inmemoriales el ser humano siempre ha querido destruir al sol”.
Pero por favor, no me confundan con los villanos que pueblan este mundo, esos villanos son muy burdos, carecen de la gracia y elegancia de sus contrapartes de ficción. Bush, Salinas, Fox y hasta Sergio Andrade, se quedan en el trayecto, nada que ver con la inteligencia del Profesor Moriarty o la astucia de Raffles. Tengo grandes planes para iniciar mi carrera villanesca.
Antes que nada, constuiré un imperio criminal y me aseguraré de ser una de esas raras personas cuya condición es tener el corazón a la derecha (y no hablo de ninguna metáfora relacionada con una afiliación partidista, podré ser un villano, pero no un estúpido), al igual que el Doctor No en las novelas de Ian Fleming, así, cuando me quieran matar quedaré vivo (si funcionó para él, no veo por que no para mi). Acto seguido tendré que encontrar a mi némesis, al igual que hizo Mr. Glass en ese excelente filme que es Unbreakable (o El Protegido, como le pusieron en México) y por último, me crearé una fachada de persona respetable, al igual que Kingpin en los comics de Marvel. Después de lograr eso… el cielo será mi único tope. Si desean ser compinches, solo es cuestión de que se animen ¿Qué es lo que puede salir mal?
Si llegaste hasta aquí, aquí tienes un regalo: Felicidades, estás a un paso de convertirte en uno de esos raros mexicanos (si eres mexicano) que leen más de 2.5 libros al año, si eso no sirve como regalo, entonces de seguro esto sí lo valdrá.
Amo las casualidades de mi vida y al mismo tiempo las odio. Las amo por esa extraña sensación de sentirte especial, como si a nadie más le pasaran y como si fuera alguna especie de don masoquista, no sirven de nada pero aprendes a reirte de ellas. Llegar a la cola de un establecimiento de comida rápida, solo para que al estar frente de la dependiente algo suceda con la preparación de los pollos que te hagan esperar una hora más de lo previsto; estar sentado en la banca de un parque para que llegue alguien y te confunda con la persona que mas odia y una vez aclarada la confusión termine siendo una figura recurrente en tu vida; llevar prisa para una entrevista de trabajo y salir de tu casa una hora antes para ser previsor y que el autobús que te llevará de cara a tu destino nunca pase.
El punto es que sin quererlo me he visto transportado a aquellos momentos con mi ex, relativamente cercanos, cuando entrábamos a la tienda de renta de videos más próxima a nuestra casa y leíamos muertos de la risa los títulos de varias de esas películas. No les puedo decir si lo hacíamos motivados más por el morbo y esa extraña sensación de sentirte observado mientras entras al “cuartito misterioso” o solo era el pretexto para admirar el ingenio de esas personas.
