Jinx: Imán de la mala suerte
Amo las casualidades de mi vida y al mismo tiempo las odio. Las amo por esa extraña sensación de sentirte especial, como si a nadie más le pasaran y como si fuera alguna especie de don masoquista, no sirven de nada pero aprendes a reirte de ellas. Llegar a la cola de un establecimiento de comida rápida, solo para que al estar frente de la dependiente algo suceda con la preparación de los pollos que te hagan esperar una hora más de lo previsto; estar sentado en la banca de un parque para que llegue alguien y te confunda con la persona que mas odia y una vez aclarada la confusión termine siendo una figura recurrente en tu vida; llevar prisa para una entrevista de trabajo y salir de tu casa una hora antes para ser previsor y que el autobús que te llevará de cara a tu destino nunca pase.Las odio por el desgaste emocional que conlleva, por su capacidad de hacerme sentir confundido y por lo recurrente de sus apariciones. Concuerdo con aquellos escépticos que dirán que todo es un estado mental imaginario y que todos hemos tenido un día como ese y se que habrá descreídos (no los culpo) porque muchos de ellos han llegado a mi vida. Así empieza siempre, negándose al dulce encanto de las coincidencias extrañas que acontecen en mi cotidianeidad, pero reconociéndolas con jocosidad apenas conviven un poco conmigo.
Ni siquiera puedo decir que sea mala suerte, más bien son coincidencias, aunque un amigo a manera de burla se refería a mi como “Jinx“, una persona que atrae la mala suerte, un ave de mal agüero. Hubo un tiempo en el que ciertos conocidos me tenían prohíbido acercarme a los lugares donde hacían fila porque señalaban que algo pasaría y se atrasarían.
Pero las casualidades de este tipo van más allá de la mala suerte, por eso es que no puedo decir que lo sea, sino más bien son una serie de circunstancias extrañas, como la que me ocurrió hace unos días en una entrevista de trabajo, cuando la persona que hacía la selección decide dedicarme unas palabras “Antonio”, me dijo, “eres una persona muy especial, de todas las personas que entrevisto tú tienes algo diferente. No acostumbro hacer una retroalimentación, pero en tu caso haré una excepción… ha llegado la hora de dejar de dar y empezar a recibir”. Justo en ese momento sentí que los ojos se me inundaban de lágrimas y, haciendo un acopio de fuerzas, fingí que no pasaba nada, aprovechando para decir lo mucho que me interesaba ese trabajo, extendí mi mano para recibir la suya y salí lo más rápido que pude… encendí un cigarro, un delicioso cigarro que me volvería a traer de vuelta al mundo de los vivos.
Desde el viernes a la fecha, sus palabras resuenan en mi cabeza una y otra vez. Es hora de recibir, me gusta como suena. Supongo que eso entra en la categoría de una entrevista de trabajo exitosa, pero al mismo tiempo en la etiqueta de situación extraña. Me molesta cuando la gente genera expectativas sobre mi, me molesta que las personas me digan que confían en mi o que esperen demasiado, sin embargo, en ocasiones no puedo evitarlo. No es la primera vez que me pasa, como sospecho que tampoco será la última.
Durante mi fase más depresiva, estaba con unos amigos tomando un café, cuando de repente se acerca un tipo y me dice “¿Te acuerdas de mi?”, a veces admiro a quienes tienen buena memoria para los rostros y los nombres, desafortunadamente no soy uno de ellos, así que dije la verdad… “no tengo la menor idea de quien seas”, resultó ser uno de los guardias de seguridad del lugar donde estudiaba la maestría, su labor era cuidar la puerta de entrada, tuve poca interacción con él, salvo algunos cigarros que compartimos y una charla incipiente. De repente me suelta su comentario, directo, lapidario, salió de la nada, “tú eres una persona especial, no eres cómo los otros. Tú tienes algo que no tienen los demás egresados de la maestría… ¿qué signo eres? ¿acuario eh? eso debe ser”. Justo en el momento que más confusión causa y antes de que pueda decir nada se despide y se va. Y podría contar al menos 5 anécdotas similares.
¿Cómo decirles que no quiero ser “especial” y que me conformo con ser exactamente igual al resto? ¿En qué consiste ser “especial”? ¿en no tener una vida social aceptable? ¿en tener la habilidad de relacionarme con personas que solo me causan daño? Bonito don, hubiera preferido el don de hacer dinero y no tener escrúpulos. Ja! Eso me recuerda dos anécdotas, que pueden ser útiles para ejemplificar lo que siento:
Anécdota 1:
Estando el rector de cierta universidad de prestigio de la entidad en una reunión con todos sus asesores y achichincles, se aparece en medio de la mesa un ángel con un mensaje para él y dice “Como eres un hombre taaaan bueno, Dios me ha enviado ante ti para que escojas uno de estos dos dones que te ofrece. Puedes escoger entre la sabiduría infinita o el dinero y riquezas inimaginables”. El rector se toma un tiempo para meditar y dice “Escojo la sabiduría”, “hecho”, contesta el ángel y desaparece en una nube de humo. El rector se queda callado y sus asistentes se empiezan a acercar sorprendidos y dicen “Señor rector, ahora que es el hombre más sabio del mundo, por favor díganos unas palabras”, el rector se queda en silencio unos segundos y responde “Maldición, hubiera pedido el dinero”.
Anécdota 2:
Dios crea a Adán y Eva y, cuando ya se iba, se da cuenta que en su bolsa de dones le quedaban todavía dos por otorgarles. Entonces se regresa y les informa “Hijos, me han quedado dos dones por otorgarles. El primero es poder orinar parado, ¿quién lo quiere? Adán, queriendo tomar ventaja, levanta la mano exclamando desesperado “¡Yo, yo, por favor! Así podría hacer todo lo que yo quiera: escribir mi nombre, hacer espumita, concursos para ver quien lo llega más lejos. ¡Está buenísimo, dámelo a mi!”. Eva se contenta con decir “Pues si a Adán le interesa tanto…”. Y Adán se va contento a estrenar su nuevo don, y en eso dice dios “Veamos que es lo que queda en la bolsa: Ah orgasmos múltiples”.
Y así es mi vida, una serie de “dones” especiales que consiste en encontrar extraños en la calle que te den consejos de vida, es como encontrarte a Miguel Ángel Cornejo acechando en cada esquina. Menudo Don… hubiera preferido el dinero o los orgasmos múltiples.