Veeeeende caaaro tu amor, aveeeenturera
¿Nunca se han preguntado como algo tan aparentemente sencillo se complica de tal forma que termina siendo una historia bizarra? Quizás todo quedaría más claro si fueran por un solo día Toño Noriega. Hay gente que cree en Buda, Cristo, Alá, Shiva, Vishnu, José Smith ¿Yo? Yo creo que soy parte de un plan muy complejo que tiene como objetivo divertir a los dioses, algo así como un reality extraterreno. Para ponerlo en ideas más simples un Big Brother cósmico y al que yo he llamado, a falta de un mejor entendimiento de lo divino, “Jodamos a Toño”. La premisa es bastante sencilla, y por lo que puedo inferir con altos puntos de rating; se trata de poner a Toño en una situación cotidiana que poco a poco toma tintes cómicos y que finaliza de tal forma que deja al protagonista (o sea, yo) en una situación entre la humillación y la risa (que no sea esquizofrénico ya es un milagro).
Me explico mejor con la anécdota de hoy, misma que les resumo a continuación (no, no es albur). Conste que aclaro que es una síntesis de los hechos sucedidos esta noche, porque más tardo en escribir esto que mis amigos (Homar y Jesús), testigos presenciales, en desmentirme y hacer algunas acotaciones al margen. Por lo menos estoy seguro que esta será una anécdota que será contada en las fiestas y reuniones durante muuuucho tiempo.
Hoy era una noche “normal” (aclaro que era normal para mis estándares), nos reunimos en el café de siempre, ahuyentaba la depresión con charlas informales y nos fumábamos unos suculentos cigarrillos. En eso estábamos cuando se acerca una chica que hacía tiempo no veíamos, la saludamos y se siente en nuestra mesa a platicar. AHÍ, JUSTO AHÍ DEBÍ DARME CUENTA QUE ALGO ESTABA MAL… ¿una chica en la misma mesa que yo? Definitivamente algo no estaba bien. Nos cuenta que esperaba a un amigo para ir a ver la obra “Aventurera” (que está de gira por la ciudad), después de todo es amiga de los empresarios que montaron la obra (nos dice) y tiene la posibilidad de entrar gratis.
Ahí es donde entra mi compulsión neurótica por hacer bromas, y mi “finísimo” sentido del humor me obliga a decir que si su amigo no llega a tiempo ahí estoy yo para lo que guste y mande (risas de mis amigos, mías y de ella). Lo lógico era que el tipo llegara a tiempo y mientras ella se iba nosotros nos quedaríamos contando alguna anécdota chusca sobre la reunión de esa noche. Repito: LO LÓGICO. Pero no, así no funciona mi vida ¿Adivinan? El tipo no llegó y ella levantándose repentinamente me dice “¿quieres ir a ver Aventurera conmigo?”… Era una decisión de la que dependía no solo ir a ver la obra gratis, sino que la noche se antojaba para ser crápula y licencioso, parafraseando a Joaquín Sabina, “y yo que nunca tuve más religión que un cuerpo de mujer” dije que sí, al tiempo que me paraba de un brinco y les decía a mis amigos con la mirada “En su cara, babosos” (por fortuna no se los dije, si no la cosa hubiera sido peor). ¿Qué sería lo peor que podía pasar? ¿qué no nos dejaran entrar? Ahí se abrían dos posibilidades:
Posibilidad A: Quedarnos platicando y haciendo migas, amén de lo que sucediera más noche, por supuesto que ya había anunciado sus intenciones de emborracharse (y yo también jejeje)
Posibilidad B: Regresar con mis amigos, fumar, tomar café y platicar
Para no hacer largo el cuento con el recorrido y la charla de esa noche, llegamos al teatro de la ciudad, por fortuna estaban sus amigos en la entrada, nos acercamos y… nos dejan pasar!!! Otra señal de que algo andaba mal, todo marchaba a la perfección: DEBÍ SENTIR MIEDO, pero claro, ya envalentonado, pequeño se me hizo el mar para tomármelo de un trago.
Justo cuando entramos, justo ahí, a 4 metros de Edith González y sus encantos, llega un tipejo y me dice “su boleto”, ahí es donde todo se torció, apunté a mi acompañante que en ese momento hablaba por teléfono, pensando que ella con sus influencias arreglaría todo, la llamada me sonó eterna, mientras el tipo me señalaba la entrada una y otra vez diciendo “acompáñame” y yo pensando “méndigo chaparro, espera a que termine de hablar, que ahorita lo arreglamos”. Cuando por fin, la susodicha termina su llamada me mira y me dice “te van a sacar”, se da la vuelta y se va y yo con el móndrigo chaparro a un lado diciendo “Acompáñame”… Lo acompañé a la salida y, efectivamente, me sacó!!! Y en ese momento desée no haber llevado mi camiseta anaranjada fosforente con letras blancas que decía “Personas libres, estados laicos”. Era un punto naranja de humillación y el chaparro enfrente de mi que no me quitaba la vista de encima señalando al gorrón que osó tratar de engañarlo. Me quedé esperando a que saliera en mi rescate con sus influencias… nunca pasó.
¿Qué que hice? Mandé un mensaje a mis amigos, pasaron por mi y, como consuelo, me llevaron a cenar tacos de carne asada, al Lorenzillo’s (para variar)… afortunadamente la charla de esa noche valió la pena. Entré por lana y salí trasquilado.
¡¡¡Mmmm que mal pex amigo Joker!!!
Si yo fuera tú, nunca en esta vida le volvía a dirigir la palabra a la tipeja esa (para mis pulgas y rencor).
Pero al menos no te sacaron de un aventon o te dieron unos golpes por querer entrar gratis, ya eso es ganancia y como dijiste en tu comentario “sacaste una experiencia para comentar después del café o las cheves”.
Te dejo una de mis famosas (y muy temídas) frases celebres
“TOMA LO BUENO DONDE LO ENCUENTRES, NO IMPORTA SI ES EN LAS CARICATURAS”.
jeje.. me recordó un chistecitllo del buen Woody Allen, de su pelí Annie Hall,.. cómo era?
“hay dos tipos de vidas en este mundo: las horribles y las miserables; horribles son la vida de los ciegos, los lisiados, etcétera.. no sé cómo es que pueden seguir viviendo.. miserables son todos los demás, así que agradece que tu vida sea miserable y no seas ciego..”
por supuesto que dicho con el tono de paranoia de Woody Allen es mucho más entretenido, pero pues la idea ahí está..
saludes bato..
Gracias a ambos por sus comentarios, había estado un poco desapegado de mi blog pero espero ya no alejarme tanto.
Goala: la verdad es que fue una buena experiencia, me sirvió para platicarla y ser el centro de atención por varios días jejeje La verdad es que ya no la he vuelto a ver y si la viera haría como si no. Todavía me arde la cara de pena con lo que pasó.
Meraz: Annie Hall es una excelente película, Woody Allen siempre tiene en su haber una lista de frases interesantes que no pueden ser echadas en saco roto. La mordacidad de sus frases son todo un delirio, como esta: “Si Dios existe, espero que tenga una buena excusa”.
Lo bueno es que la situación realmente no pasó a mayores, y no se por qué no me molestó tanto.