Tuesday, April 3, 2007

El Azul

Después de mucho tiempo sin salir a echarme las cervezas sabatinas de rigor, esta semana por fin he podido hacerlo. Obviamente, esta ausencia de etanol se ha visto reflejada en una considerable disminución de temáticas que postear. No es tanto que no tenga algo que contar, por el contrario, tengo bastantes… pero como que, en ocasiones, carezco de la inspiración adecuada. Quienes me conocen saben que suelo hablar hasta por los codos, pero recientemente he entrado en una fase zen donde hasta hablar me da flojera.

Y sí, eso debe ser alguna señal apocalítptica del fin de los tiempos.

Quienes me leen con frecuencia deben estar acostumbrados a mis divagaciones previas al tema en cuestión, así que espero que no les extrañe que inicie tan de extraña manera. Ahora sí, a lo que iba.

A como yo miro a mi ciudad, les puedo compartir que tiene todas las características de una ciudad de mediano tamaño con la mentalidad de un pueblo pequeño. No es de extrañar que las noticias de la primera plana de los diarios sean cosas del tipo “Encuentran gato-conejo en la ciudad” (que era un gato con características similares a las de un conejo) y al otro día, la noticia que ocupa los diarios sea “Se roban al gato-conejo”. Puede sonar exagerado, pero no miento, les juro que es verdad.

Quiero insistir en que jamás he usado esto como una ofensa, sino todo lo contrario. Son las cosas que me encantan de esta ciudad. Como un pueblo enorme, mi ciudad, presenta otras característica, también maravillosas, como lo puede ser, sentarse en algún lado a charlar sobre los cuentos de terror que le sucedieron a algún conocido o bien, narrar las experiencias propias en este terreno de lo sobrenatural.

Pues bien, el sábado me enteré, que a una calle de donde me suelo reunir a tomar, existe una historia lúgubre. Pero para no adelantarme a los acontecimientos de esa noche, trataré de narrarlos en orden cronológico.

Ese sábado, había comprado unas cuantas cervezas y las llevé a casa de mi amigo para charlar sobre las desventuras de la semana. Serían como las 2:00 AM cuando salimos para que me fumara mi cigarrillo habitual. En eso se acerca un vecino con el que charlamos ocasionalmente y por alguna razón, la charla se derivó en algunas historias de “aparecidos” y “espantos”. Decía mi amigo, que un día, un conocido de todos nosotros, había decidido irse temprano de la borrachera habitual para ir a dormir un poco a su casa antes de irse a trabajar. Él jura que éste no iba borracho ya que tenía que ir a trabajar en un par de horas más. Así que se fue caminando rumbo a su casa.

Después de un rato, éste se regresó para esperar el camión de la empresa para la que trabajaba, serían alrededor de las 4:00 AM cuando caminando por la calle vio venir a alguien con un pantalón de mezclilla y un suéter de color azul. Justo al pasar enseguida de éste, el tipo lo saludó con un “Buenas noches, compa”. Mi amigo le contestó el saludo de la misma manera: “Buenas noches” y siguió su camino. No había caminado media cuadra cuando, al voltear, volvió a ver al mismo individuo que lo saludó de la misma manera “Buenas noches, compa”. Mi amigo se quedó petrificado, aunque en ese momento pensó que se trataba de una mala broma. De una cosa estaba seguro, era el mismo individuo, además de que el tiempo que le hubiera demorado recorrer toda la cuadra solo para asustarlo era bastante como para recorrerlo tan pronto.

Aún así, no le dedicó mucho tiempo y continuó su camino. No había recorrido ni la mitad restante, cuando de nueva cuenta, volvió a ver al mismo sujeto que le decía “Buenas noches, compa”. Mi amigo se asustó tanto, que salió corriendo a encontrarse con los demás que aún se encontraban tomando en el mismo lugar. Ese día no fue a trabajar y tardó como una semana durmiendo con las luces encendidas.

Por si eso no fuera poco, a los días se encontraban todos reunidos en el mismo lugar, cuando de pronto pasa un tipo que los saluda cordialmente, “Buenas noches, compa”, todos responden el saludo, menos mi amigo que se encontraba paralizado y que solo atinó a decir “Ese es, el tipo de la otra noche”. Estos amigos, no son peritas en dulce, y algunos de ellos tienen en su haber una larga lista de delitos que harían palidecer a cualquier delicuente juvenil. Así que deciden ir a perseguirlo y golpearlo (o por lo menos asustarlo) para que no ande asustando al pobre pandillerito reformado. Al seguirlo, éste desapareció frente a sus ojos. A los días lo vuelven a ver y al seguirlo, éste aparece en el techo de una casa. Se suben y, al hacerlo, éste ya estaba en el techo vecino. Lo siguen por varias casas, siempre con el mismo resultado. Para entonces, la leyenda del Azul ya estaba bien cimentada.

A los días, los hechos se suceden una y otra vez. En una ocasión lo ven golpeando la puerta de una casa, mientras el tipo del interior le gritaba enojado (había pasado de ser Gasparín, el fantasma saludador a un maldito Poltergeist enfadoso). Cuando la bola de amigos deciden rodearlo, éste desaparece justo en frente de sus narices. Todos comparten sus experiencias, incluído el vecino agraviado. Todos coinciden: Un tipo de pantalón de mezclilla, camisa (o suéter) azul, nadie le ve el rostro.

Las noches posteriores fueron un caos, El Azul se aparece en los techos de las casas, los vecinos le gritan, llaman a la policía, lo persiguen, siempre con el mismo resultado: nada. Al final, las señoras riegan el lugar y sus casas con agua bendita y El Azul desaparece de la misma manera en la que llegó.

Mi amigo termina su relato y ya, con las cervezas encima, empezamos la retroalimentación habitual, que si El Azul era un fantasma, que si El Azul era falso, etc. etc. En esas estábamos cuando volteo y justo en frente de mi, un tipo. Pantalón de mezclilla, camisa azul y dice “Buenas noches, compa”. Juro que hasta las corvas se me doblaron y no me dio diarrea no se ni por qué.

Al final, éste era un azul apócrifo y no pasó de ser uno de los transeúntes habituales de esta ciudad y que sólo había saludado porque quería que yo le regalara un cigarro. Claro que estaba loco y hablaba de los valores de los aviones y de cómo era increíble que gracias a tales valores éstos desafiaran a los vientos con sus enormes turbinas. No sé si su charla era así de incoherente o era que lo único que deseaba era que se largara. Cosa que finalmente hizo.

Ante semejante susto, decidí irme a mi casa y caminar las 8 calles que me separan de la casa de mi amigo, claro que parte del recorrido era el camino donde se aparecía El Azul. Hice acopio de todas mis fuerzas y, por fortuna, llegué a mi casa sin sufrir ningún percance fantasmal.

Posted by Joker at 10:17:34
Comments

6 Responses to “El Azul”

  1. Lestato says:

    Pues me alegra que escribas nuevamente, ya que eres mas entretenido escribiendo que hablando, jaja!
    Es interesante el tema de los aparecidos, o fantasmas, o seres de otra dimension, o simplemente cuentos de gente que no tiene nada que hacer.

    Es indiscutible la impresion que provoca el video del Licona que nos mostró Mesfis… todos en mi oficina pegaron de gristos al verlo, en fin.

    continuare esto en otra ocacion, mi trabajo me llama.

  2. Goala says:

    ¡Tu si estas grave amigo Joker! :o

    Yo he visto elefantes rosas, peces voladores y peliculas de Walt Disney pero nunca un tipo de mezclilla azul que vuele hacia los tejados. ;)

    Ya en serio, tu relato me recuerda al del famoso “JUMPING JACK FLASH” de Londres (si, el mismo nombre de la famosa canción de los Rolling Stones). :S

    Era un tipo que saludaba muy amigablemente, pero que era un pervertido bien hecho, ya que tocaba los pechos de las chicas con sus heladas manos y despedia luces centelleantes por sus rojos ojos… la policia, los vecinos y agraviados parientes de las chicas lo persiguieron y este tipo daba descomunales saltos de más de 30 metros a los tejados de las casas o saltaba bardas altísimas para escapar de sus perseguidores, por esa característica de saltar se le llamo “Jumping Jack Flash”. ;)

    Saludos y cuídate, no vaya ser que sea algo más que una leyenda urbana; uno nunca sabe. :(

  3. JJ says:

    jaja, esta curada la anécdota… Aqui donde vivo, a una cuadra está la Iglesia de San Juan Bosco… y según ésto, hay una leyenda de que se aparece una señora… Le llaman “la viejita de blanco”… Nunca se me ha aparecido, pero he escuchado dos que tres anécdotas también acerca… Antes si me daba miedo, pasar por ahi caminando, ahora me vale, jajaja…. sale pues, se me cuida mi buen joker

  4. JJ says:

    Tu si que te tiras a perder no>?

    saludos

  5. Foviac says:

    Buuuu. Shiales dice una querida amiga, nadie cree en estas cosas hasta que le pasa algo inexplicable, a ver si este si llega, por que es el tercer intento de rayar aqui y no me deja el nche navegador…

  6. Joker says:

    Que gusto tenerte por aca Foviac. Espero que estés muy bien, ya sabes que se te desea lo mejor, tenemos una charla pendiente por MSN pero no pude atenderla el día de ayer porque salí apurado.

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