Pinol, pinol, aromatiza, limpia y desinfecta!!
Un día Homar me dijo “Mira, esa muchacha está bien para ti, está flaca, es bonita y está completamente loca”. Homar me conoce bien y vaya que sabe por qué lo dice, no reirme ante su comentario sería un absurdo. Tiendo a enamorarme de mujeres desquiciadas. Eso incluye a todas las mujeres con las que me he relacionado, desde la primera, una fanática religiosa que me hacía ir a misa cada domingo (y en ocasiones hasta en más ocasiones), hasta la última, una persona con una depresión tan poco identificada y una autoestima tan baja que la historia a su lado era cosa predecible.
Aún así, creo que nunca me había metido en una “relación” tan orate como la que llevamos mi amor platónico y yo (y eso debe incluir a su novio). Una relación de un año que raya en una patología mía y suya, aunque admito que es más mía. Era una chica tan “normal” en aquellos días y llevábamos una relación completamente honesta, todo basado en el dinero ¿se puede pedir más honestidad? Ella fingía quererme y yo fingía quererla. Luego llegarían los besos y poco a poco su desdén velado. Era claro que el “romance” pagado había llegado a su fin.
Dudo si continuar con lo que realmente quiero decir, pero temo que tengo que decirlo, no sin antes aclarar que cuando hablo de amor platónico es porque no pasará de ahí y lo sé. Traté de invitarla a salir varias veces, hasta que me cansé. Desistí, de ser siempre el que rogaba y al que le decían que sí, pero que nunca le decían cuando. Un día ella me invitó a salir, podía tener a cualquiera y era a mi al que escogía… no sé si era el único, tampoco me importaba mucho.
Me habló de sus tendencias suicidas y de cómo en una ocasión se había querido suicidar comiéndose un plato de cereal con Pinol, un limpiador de pisos, mi único comentario fue “Por lo menos te quedó el aliento oliendo a pino”, ella no se rió, a mi el comentario me sigue pareciendo acertado. Después de contarle mis penas, ella solo dijo que “Tú si estás mal”, ella, la suicida potencial me decía a mi que mis problemas eran más grandes, yo no podía más que mirarla con cara de loca (Touché, pensé para mis adentros, era su venganza con aliento a pino)… sí, llevamos una [no] relación bastante enferma… y me encanta.
Ella se ha querido matar al menos 3 veces, que dolor para todos sus deudos, yo, su novio/pareja, y quien sabe cuántos más. Suele tomar más medicamentos que todo el ejército de los Estados Unidos sin hacer mella en su comportamiento, eventualmente lo volverá a intentar y ahí estaré de nuevo para hacer uno de mis ingeniosos comentarios, como cuando me confesó que se había cortado los venas por tercera vez y yo le preguntaba si se las había cortado porque no le gustaban largas… tampoco rió. La muerte no me parece algo tan serio.
Hace dos semanas sacó el psicólogo monstruoso que vive dentro de mi, la castigué, le hablé fuerte y claro. Le hice ver algunos patrones en su vida, quizás me porté bastante inflexible. Le eché en cara el que nunca me hablaba, no me contestaba los mensajes o los emails, le decía adiós veladamente. La había perdido para siempre, justo en el momento en que prometió hacerme algunas cosillas “traviesas” ahora por junio. Tarado de mi, pero ya me había cansado de ser un pusilánime ante ella. La siguiente semana que la vi era otra.
La chica llegó bailando, cantando, feliz. ¿Era por lo que le dije la semana pasada? ¿Por fin habían hecho efecto los antidepresivos? No lo relacioné en ese momento, pero estoy seguro que fue por mi y mi estúpida terapia Maruchán. Me abrazó y me dio un beso en la mejilla al más puro estilo “aquí no pasó nada”… estaba radiante. Minutos después me haría una escena de “celos” porque alguna otra chica me saludó “apasionadamente”. La chica en cuestión me advertía que mi amor platónico le había reclamado que solo sentía deseos por ella, ¿Qué podía hacer? ¿Mentir? Yo y mi estúpida obsesión por la verdad solo atiné a decir “Yo siento deseo por muchas”, ante el beneplácito de mi interlocutora quien levantaba sus pulgares en señal de aprobación.
Poco después vendrían los reclamos y nuevamente su venganza con olor a pino “¿te puedo preguntar algo y no te ofendes?” - Debí contestar que no me preguntara nada- “¿Cómo te llamas?”, atacó. Como dije, es una relación enferma.
El viernes pasado no pude verla y, entonces, sucedió lo inesperado… un mensaje chilló en mi celular, “¿Dónde estás pequeño saltamontes?”. Lo que nunca había pasado en un año, ¿debería ir? ¿echaría a perder una noche perfecta matando zombies en mi videojuego favorito? El karma hizo su parte, un amigo llegó, venía más ebrio que Boris Yeltsin en una despedida de solteros… lo subí al auto como pude, llegamos y ella me besó en la mejilla e intercambiamos fotos, ella me enviaba una posando felizmente en su salón de clases y yo le mandé una donde simulaba estar tras los barrotes de una prisión. Con un “Me encanta verte feliz”, me despedí de ella. Aún me sorprendo de lo que un reproche puede hacer.
¿Fue una buena noche? No lo sé. ¿Será la dama o el tigre lo que salga tras la puerta de este año? Lo más probable es que sea el tigre… no quiero romper con mi racha ganadora.
Ahora, cada que huelo el detergente de pisos en mi trabajo no dejo de pensar, si no habré desarrollado un reflejo condicionado, supongo que tener erecciones con el pinol le pasa a cualquiera.