Tuesday, June 19, 2007

Pinol, pinol, aromatiza, limpia y desinfecta!!

Un día Homar me dijo “Mira, esa muchacha está bien para ti, está flaca, es bonita y está completamente loca”. Homar me conoce bien y vaya que sabe por qué lo dice, no reirme ante su comentario sería un absurdo. Tiendo a enamorarme de mujeres desquiciadas. Eso incluye a todas las mujeres con las que me he relacionado, desde la primera, una fanática religiosa que me hacía ir a misa cada domingo (y en ocasiones hasta en más ocasiones), hasta la última, una persona con una depresión tan poco identificada y una autoestima tan baja que la historia a su lado era cosa predecible.

Aún así, creo que nunca me había metido en una “relación” tan orate como la que llevamos mi amor platónico y yo (y eso debe incluir a su novio). Una relación de un año que raya en una patología mía y suya, aunque admito que es más mía. Era una chica tan “normal” en aquellos días y llevábamos una relación completamente honesta, todo basado en el dinero ¿se puede pedir más honestidad? Ella fingía quererme y yo fingía quererla. Luego llegarían los besos y poco a poco su desdén velado. Era claro que el “romance” pagado había llegado a su fin.

Dudo si continuar con lo que realmente quiero decir, pero temo que tengo que decirlo, no sin antes aclarar que cuando hablo de amor platónico es porque no pasará de ahí y lo sé. Traté de invitarla a salir varias veces, hasta que me cansé. Desistí, de ser siempre el que rogaba y al que le decían que sí, pero que nunca le decían cuando. Un día ella me invitó a salir, podía tener a cualquiera y era a mi al que escogía… no sé si era el único, tampoco me importaba mucho.

Me habló de sus tendencias suicidas y de cómo en una ocasión se había querido suicidar comiéndose un plato de cereal con Pinol, un limpiador de pisos, mi único comentario fue “Por lo menos te quedó el aliento oliendo a pino”, ella no se rió, a mi el comentario me sigue pareciendo acertado. Después de contarle mis penas, ella solo dijo que “Tú si estás mal”, ella, la suicida potencial me decía a mi que mis problemas eran más grandes, yo no podía más que mirarla con cara de loca (Touché, pensé para mis adentros, era su venganza con aliento a pino)… sí, llevamos una [no] relación bastante enferma… y me encanta.

Ella se ha querido matar al menos 3 veces, que dolor para todos sus deudos, yo, su novio/pareja, y quien sabe cuántos más. Suele tomar más medicamentos que todo el ejército de los Estados Unidos sin hacer mella en su comportamiento, eventualmente lo volverá a intentar y ahí estaré de nuevo para hacer uno de mis ingeniosos comentarios, como cuando me confesó que se había cortado los venas por tercera vez y yo le preguntaba si se las había cortado porque no le gustaban largas… tampoco rió. La muerte no me parece algo tan serio.

Hace dos semanas sacó el psicólogo monstruoso que vive dentro de mi, la castigué, le hablé fuerte y claro. Le hice ver algunos patrones en su vida, quizás me porté bastante inflexible. Le eché en cara el que nunca me hablaba, no me contestaba los mensajes o los emails, le decía adiós veladamente. La había perdido para siempre, justo en el momento en que prometió hacerme algunas cosillas “traviesas” ahora por junio. Tarado de mi, pero ya me había cansado de ser un pusilánime ante ella. La siguiente semana que la vi era otra.

La chica llegó bailando, cantando, feliz. ¿Era por lo que le dije la semana pasada? ¿Por fin habían hecho efecto los antidepresivos? No lo relacioné en ese momento, pero estoy seguro que fue por mi y mi estúpida terapia Maruchán. Me abrazó y me dio un beso en la mejilla al más puro estilo “aquí no pasó nada”… estaba radiante. Minutos después me haría una escena de “celos” porque alguna otra chica me saludó “apasionadamente”. La chica en cuestión me advertía que mi amor platónico le había reclamado que solo sentía deseos por ella, ¿Qué podía hacer? ¿Mentir? Yo y mi estúpida obsesión por la verdad solo atiné a decir “Yo siento deseo por muchas”, ante el beneplácito de mi interlocutora quien levantaba sus pulgares en señal de aprobación.

Poco después vendrían los reclamos y nuevamente su venganza con olor a pino “¿te puedo preguntar algo y no te ofendes?” - Debí contestar que no me preguntara nada- “¿Cómo te llamas?”, atacó. Como dije, es una relación enferma.

El viernes pasado no pude verla y, entonces, sucedió lo inesperado… un mensaje chilló en mi celular, “¿Dónde estás pequeño saltamontes?”. Lo que nunca había pasado en un año, ¿debería ir? ¿echaría a perder una noche perfecta matando zombies en mi videojuego favorito? El karma hizo su parte, un amigo llegó, venía más ebrio que Boris Yeltsin en una despedida de solteros… lo subí al auto como pude, llegamos y ella me besó en la mejilla e intercambiamos fotos, ella me enviaba una posando felizmente en su salón de clases y yo le mandé una donde simulaba estar tras los barrotes de una prisión. Con un “Me encanta verte feliz”, me despedí de ella. Aún me sorprendo de lo que un reproche puede hacer. 

¿Fue una buena noche? No lo sé. ¿Será la dama o el tigre lo que salga tras la puerta de este año? Lo más probable es que sea el tigre… no quiero romper con mi racha ganadora.

Ahora, cada que huelo el detergente de pisos en mi trabajo no dejo de pensar, si no habré desarrollado un reflejo condicionado, supongo que tener erecciones con el pinol le pasa a cualquiera.

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Monday, June 4, 2007

Chava

Salvador fue uno de mis mejores amigos en la universidad, un estudiante de psicología que era único en su clase, un excelente amigo y una mejor persona. Chava, como le decíamos (y seguramente lo siguen haciendo), es uno de las mejores personas que jamás he conocido, era sensible, simpático, risueño, empático y agradable. En aquellos tiempos solía burlarme de él diciendo que tenía sonrisa hebefrénica, y Chava sólo reía. Es un tipazo.

Todavía recuerdo mis clases en la universidad a su lado, teníamos un maestro que nos daba correlatos biológicos (era como biología) y del que todo mundo decía que era un tanto rabo verde. Este maestro solía deleitar sus ancianas pupilas espiando a sus alumnas secretamente, o al menos eso era lo que él creía porque todo el mundo se daba cuenta de sus “obscuras” intenciones (jamás pude culparlo por ello), lo que es más, muchas de mis compañeras se aprovechaban de su condición para poder copiar en el examen enseñándole parte de la pierna, así, mientras sudaba frío, sacaban sus apuntes. Aquel día, nuestro profesor sacó la cabeza por la ventana para poder mirar mejor a esos monumentos convertidos en mujeres. Todo iba bien hasta que tuvo la excelente idea de levantar la cabeza antes de tiempo, dándose un tremendo golpe con la ventana.

Chava reía estrepitosamente y yo con él. Ni siquiera nos dimos cuenta de la acción, sino que nos reíamos de algún comentario absurdo que yo había dicho. El maestro jamás pudo perdonarnos la osadía y nos sentenció a expulsarnos de la clase si nos seguíamos riendo con “tanta hilaridad”… Chava reía mucho más ante la amenaza. Ese es Chava.

Al tiempo nos distanciamos, cada uno formó nuevas amistades, yo migré hacia nuevos grupos, en aquellos momentos yo pasaba por momentos muy duros, uno de los más depresivos de mi vida. Poco a poco cada uno tomó caminos distintos, él se decantó por la psicología empresarial y yo por la clínica. Jamás nos peleamos, solo nos distanciamos poco a poco. Solíamos encontrarnos ocasionalmente en los camiones o en la escuela cuando visitaba a alguien, y Chava siempre era el mismo, mostrando su eterna sonrisa de hebefrénico.

Chava consiguió trabajo como psicólogo en la milicia, poco después renunciaría para irse a laborar en un programa de gobierno que trabajaba con niños de la calle, cuando dejó ese lugar se convirtió en maestro de la Universidad de Sonora y poco después coordinaba algún proyecto en ella. Era feliz.

Ricardo era otro caso, en aquellos tiempos decidí dejarme el cabello largo y Ricardo jamás lo pudo entender, “¿cómo un psicólogo podía usar semejante cabellera? había que cuidar la formalidad”. Tuvimos nuestras diferencias al respecto, pero nunca trascendió de las habituales discusiones de pasillo. Obviamente mis amigas solían ponerse de mi lado y me defendían y él seguía pensando como todo un psicólogo industrial. Pocas veces lo vi después de la universidad, en parte porque era de otra ciudad cercana y en parte porque tomamos caminos aún más distintos. Yo me hice psicológo comunitario (que horror) y él daba cursos a empresas sobre cómo ser un mejor empleado. Yo criticaba su postura de lacayo y él la mía de rojillo.

Hace una semana, mientras comía en mi casa, me mostraron, en un periódico local, parte de la nota roja: “Atacan a maestro de psicología de la Unison”. Leí la nota con avidez pues estaba seguro que, las probabilidades de saber quien era el agredido eran altas, pues conozco a todos los maestros y varios son buenos amigos, amén de que muchos fueron compañeros de clases cuando estudiaba en la universidad. Está de más decir que uno de ellos era Chava, aunque la nota hablaba de uno, poco después me daría cuenta de que se trataba de dos, el otro era Ricardo.

Algunos estarán enterados, pero si no, les aclaro que los diarios locales son una porquería, nunca informan como deberían y regularmente son de corte tendencioso y conservador. Al pasar los días hubo silencio absoluto al respecto, ni declaraciones de la policía, ni una nota pequeña, no había nada. La nota más consistente era que, uno de los pacientes que Chava conoció cuando trabajaba con niños de la calle, había ido a su casa a las 3:00 AM, Chava y Ricardo lo dejaron pasar y al poco tiempo después, éste los acuchillaba a ambos con un cuchillo de cocina (cebollero, decía la nota). Las razones siguen siendo desconocidas para mi (y para muchos), aún ahora, una semana después.

Con esos datos era suficiente para que empezara la carnicería. En una comunidad tan imbécil como la nuestra, dos hombres no pueden vivir juntos, porque entonces son gays y por ende, se merecen lo que les pasó. En esencia estas situaciones entran en el terreno de lo común: “Crimen pasional”. Los gays son pasionales y celosos, ergo, al Chava lo acuchillaron por joto. Ignoro si ese sea el caso y la verdad no me interesa, pero empezamos a culpabilizar a las víctimas. El agresor queda automáticamente exonerado pues los verdaderos culpables son ellos, las víctimas, que quien sabe qué le habrán hecho al pobre muchachito acuchillador para que éste los atacara.

El colmo fue una nota donde un tarado exigía a la Unison supervisar eficientemente los perfiles de sus maestros, pues uno de ellos, Chava, se había visto envuelto en un crimen sangriento. El muy imbécil asumía, sin conocer los detalles del caso, que Chava era más culpable que quien lo había acuchillado, dejándolo gravamente herido. ¿Razones? Ninguna, dos hombres viviendo juntos y dejando pasar a alguien a las 3:00 de la madrugada es motivo suficiente para pedir su cabeza. Algo estarían haciendo… y ese “algo”, es suficiente para que vuele la imaginación de los aspirantes a Sherlock Holmes Región 4: El mayordomo lo hizo.

Traté de encontrar eco en mi molestia en un compañero de trabajo, y me contesta con la misma idiotez: “¿No sería crimen pasional?” Le contesté de fea manera, lo sé por su silencio (pero sin darme la razón), poco después encontré una nota donde aclaraban un poco más las cosas. En ella decía que el agresor había pedido comida, mis amigos lo dejan entrar y mientras le preparan un sandwich éste los ataca. Quizás sea porque se lo sirvieron con mostaza, quizás sea porque odia los sandwiches o simple y llanamente porque él quería un filete mignon, lo cierto es que, en esta ciudad, eso no importa, son de antemano culpables. Cuando le menciono esto a mi compañero para hacerle ver sus propios prejuicios me sale con lo mismo: “Eso está muy raro ¿quién llega a las 3 de la mañana para pedir comida?”, a lo que reviro diciendo “La misma clase de loco que te ataca con un cuchillo sin razón”. Silencio de su parte nuevamente. Olvídense, la palabra sensibilidad no existe en todas las personas.

El día que me enteré fui al hospital, no pude verlo debido a las heridas que le habían infringido y a que éste se encontraba en cuidados intensivos. Al más puro estilo de las instituciones de salud, nadie me pudo dar más razones. Desde entonces no he podido verlo, pensaba ir este viernes pasado, pero curiosamente me enfermé y no puedo visitarlo en los horarios del hospital. Cada día reviso los diarios que siempre me niego a leer y no hay nada. Los teléfonos de amigos de esos tiempos no se encuentran disponibles, eso suele pasar con los años cuando uno pierde contacto. Lo peor es que no puedo salir del trabajo en esos horarios, solo me resta esperar que tanto Chava, como Ricardo, se encuentren bien.

Chava es una mejor persona de lo que yo jamás hubiera podido ser. Créanme, se los digo yo. Así suele ser la vida, los buenos sufren más. Cuídate, amigo.

Posted by Joker at 09:02:54 | Permalink | Comments (7)