Chava
Salvador fue uno de mis mejores amigos en la universidad, un estudiante de psicología que era único en su clase, un excelente amigo y una mejor persona. Chava, como le decíamos (y seguramente lo siguen haciendo), es uno de las mejores personas que jamás he conocido, era sensible, simpático, risueño, empático y agradable. En aquellos tiempos solía burlarme de él diciendo que tenía sonrisa hebefrénica, y Chava sólo reía. Es un tipazo.
Todavía recuerdo mis clases en la universidad a su lado, teníamos un maestro que nos daba correlatos biológicos (era como biología) y del que todo mundo decía que era un tanto rabo verde. Este maestro solía deleitar sus ancianas pupilas espiando a sus alumnas secretamente, o al menos eso era lo que él creía porque todo el mundo se daba cuenta de sus “obscuras” intenciones (jamás pude culparlo por ello), lo que es más, muchas de mis compañeras se aprovechaban de su condición para poder copiar en el examen enseñándole parte de la pierna, así, mientras sudaba frío, sacaban sus apuntes. Aquel día, nuestro profesor sacó la cabeza por la ventana para poder mirar mejor a esos monumentos convertidos en mujeres. Todo iba bien hasta que tuvo la excelente idea de levantar la cabeza antes de tiempo, dándose un tremendo golpe con la ventana.
Chava reía estrepitosamente y yo con él. Ni siquiera nos dimos cuenta de la acción, sino que nos reíamos de algún comentario absurdo que yo había dicho. El maestro jamás pudo perdonarnos la osadía y nos sentenció a expulsarnos de la clase si nos seguíamos riendo con “tanta hilaridad”… Chava reía mucho más ante la amenaza. Ese es Chava.
Al tiempo nos distanciamos, cada uno formó nuevas amistades, yo migré hacia nuevos grupos, en aquellos momentos yo pasaba por momentos muy duros, uno de los más depresivos de mi vida. Poco a poco cada uno tomó caminos distintos, él se decantó por la psicología empresarial y yo por la clínica. Jamás nos peleamos, solo nos distanciamos poco a poco. Solíamos encontrarnos ocasionalmente en los camiones o en la escuela cuando visitaba a alguien, y Chava siempre era el mismo, mostrando su eterna sonrisa de hebefrénico.
Chava consiguió trabajo como psicólogo en la milicia, poco después renunciaría para irse a laborar en un programa de gobierno que trabajaba con niños de la calle, cuando dejó ese lugar se convirtió en maestro de la Universidad de Sonora y poco después coordinaba algún proyecto en ella. Era feliz.
Ricardo era otro caso, en aquellos tiempos decidí dejarme el cabello largo y Ricardo jamás lo pudo entender, “¿cómo un psicólogo podía usar semejante cabellera? había que cuidar la formalidad”. Tuvimos nuestras diferencias al respecto, pero nunca trascendió de las habituales discusiones de pasillo. Obviamente mis amigas solían ponerse de mi lado y me defendían y él seguía pensando como todo un psicólogo industrial. Pocas veces lo vi después de la universidad, en parte porque era de otra ciudad cercana y en parte porque tomamos caminos aún más distintos. Yo me hice psicológo comunitario (que horror) y él daba cursos a empresas sobre cómo ser un mejor empleado. Yo criticaba su postura de lacayo y él la mía de rojillo.
Hace una semana, mientras comía en mi casa, me mostraron, en un periódico local, parte de la nota roja: “Atacan a maestro de psicología de la Unison”. Leí la nota con avidez pues estaba seguro que, las probabilidades de saber quien era el agredido eran altas, pues conozco a todos los maestros y varios son buenos amigos, amén de que muchos fueron compañeros de clases cuando estudiaba en la universidad. Está de más decir que uno de ellos era Chava, aunque la nota hablaba de uno, poco después me daría cuenta de que se trataba de dos, el otro era Ricardo.
Algunos estarán enterados, pero si no, les aclaro que los diarios locales son una porquería, nunca informan como deberían y regularmente son de corte tendencioso y conservador. Al pasar los días hubo silencio absoluto al respecto, ni declaraciones de la policía, ni una nota pequeña, no había nada. La nota más consistente era que, uno de los pacientes que Chava conoció cuando trabajaba con niños de la calle, había ido a su casa a las 3:00 AM, Chava y Ricardo lo dejaron pasar y al poco tiempo después, éste los acuchillaba a ambos con un cuchillo de cocina (cebollero, decía la nota). Las razones siguen siendo desconocidas para mi (y para muchos), aún ahora, una semana después.
Con esos datos era suficiente para que empezara la carnicería. En una comunidad tan imbécil como la nuestra, dos hombres no pueden vivir juntos, porque entonces son gays y por ende, se merecen lo que les pasó. En esencia estas situaciones entran en el terreno de lo común: “Crimen pasional”. Los gays son pasionales y celosos, ergo, al Chava lo acuchillaron por joto. Ignoro si ese sea el caso y la verdad no me interesa, pero empezamos a culpabilizar a las víctimas. El agresor queda automáticamente exonerado pues los verdaderos culpables son ellos, las víctimas, que quien sabe qué le habrán hecho al pobre muchachito acuchillador para que éste los atacara.
El colmo fue una nota donde un tarado exigía a la Unison supervisar eficientemente los perfiles de sus maestros, pues uno de ellos, Chava, se había visto envuelto en un crimen sangriento. El muy imbécil asumía, sin conocer los detalles del caso, que Chava era más culpable que quien lo había acuchillado, dejándolo gravamente herido. ¿Razones? Ninguna, dos hombres viviendo juntos y dejando pasar a alguien a las 3:00 de la madrugada es motivo suficiente para pedir su cabeza. Algo estarían haciendo… y ese “algo”, es suficiente para que vuele la imaginación de los aspirantes a Sherlock Holmes Región 4: El mayordomo lo hizo.
Traté de encontrar eco en mi molestia en un compañero de trabajo, y me contesta con la misma idiotez: “¿No sería crimen pasional?” Le contesté de fea manera, lo sé por su silencio (pero sin darme la razón), poco después encontré una nota donde aclaraban un poco más las cosas. En ella decía que el agresor había pedido comida, mis amigos lo dejan entrar y mientras le preparan un sandwich éste los ataca. Quizás sea porque se lo sirvieron con mostaza, quizás sea porque odia los sandwiches o simple y llanamente porque él quería un filete mignon, lo cierto es que, en esta ciudad, eso no importa, son de antemano culpables. Cuando le menciono esto a mi compañero para hacerle ver sus propios prejuicios me sale con lo mismo: “Eso está muy raro ¿quién llega a las 3 de la mañana para pedir comida?”, a lo que reviro diciendo “La misma clase de loco que te ataca con un cuchillo sin razón”. Silencio de su parte nuevamente. Olvídense, la palabra sensibilidad no existe en todas las personas.
El día que me enteré fui al hospital, no pude verlo debido a las heridas que le habían infringido y a que éste se encontraba en cuidados intensivos. Al más puro estilo de las instituciones de salud, nadie me pudo dar más razones. Desde entonces no he podido verlo, pensaba ir este viernes pasado, pero curiosamente me enfermé y no puedo visitarlo en los horarios del hospital. Cada día reviso los diarios que siempre me niego a leer y no hay nada. Los teléfonos de amigos de esos tiempos no se encuentran disponibles, eso suele pasar con los años cuando uno pierde contacto. Lo peor es que no puedo salir del trabajo en esos horarios, solo me resta esperar que tanto Chava, como Ricardo, se encuentren bien.
Chava es una mejor persona de lo que yo jamás hubiera podido ser. Créanme, se los digo yo. Así suele ser la vida, los buenos sufren más. Cuídate, amigo.
Shhh, psss ni como comentar a eso… Asi es la gente wei, a mi también me caga… Ni siquiera saben los hechos, y pero, ni les interesa saberlos pero siempre tienen la primera opinión en cuestión de prejuicios… Asi es y no creo que vaya a cambiar en algún tiempo.
Y que lo digas… especialmente cuando no les importa herir a la familia, a los amigos y personas cercanos a ellos. Es una postura muy fría y estúpida.
Muchas gracias por los comentarios, no esperaba menos de ti.
Acabo de hacer un coraje, por saber de nuevo lo que hace la predecible y estupida sociedad Hermosillense, que mal lo que le paso a tus amigos, es realmente deplorable el nulo quehacer de las autoridades ¡me molesta bastante! Ya basta de ese pensamiento tan retrograda y cobarde, discriminar, condenar y abandonar, es desesperante.
A noche estaba yo pensando sobre el trabajo de las autoridades de esta ciudad y de todo el país, que esperamos de ellas, sucede un ilícito, un robo, y resulta que ellos mismos las autoridades son los dirigentes o supervisores del robo, sucede algo mas grave como una desaparición o asesinato y lo mismo, ellos son parte de todo eso, ¿que podemos esperar? Y lo peor es que seguimos dejando que pase.
Tienes toda la razón, no hay nada más indignante que la indiferencia de las autoridades y del resto de los ciudadanos que somos cómplices de una u otra manera.
argonauta, todo México vivimos igual no sólo es en Hermosillo, es una pena enorme no solo lo de tus amigos joker, no solo ellos son culpables para nuestras leyes y sociedades, también lo son los secuestrados, los asesinados, los que han o hemos sido robados, sin embargo los que nos hacen eso, andan libres, en fin es una pena…
Joker por fin posteo en tu blog y no en uno tan grato, pero bueno, esperemos la pronto recuperación de tus amigos…
cuidate
atte.
la kneya
Que maravilla tenerte por aca, kneya, me da mucho gusto tener noticias tuyas, aunque ya sabes que de momento no entro ni al MSN, pero espero muy pronto poder entrar con un poco más de regularidad, de perdida para charlar un rato con más calma.
Me gustarìa comentar en otro tipo de acontecimientos, què no darìa yo por poner un comentario de tranquilidad y alegrìa, quisiera saber que la felicidad corre por las venas de las personas, nadie merece esto. Menos gente como Chava…
Desde aquì mis mejores deseos para que Chavita salga adelante.
dejavroom